Un niño precoz [¿y mentiroso?] – II
[Solo para los que leyeron el post anterior.]

La verdad que importaba era la que escondía esa mujer. Pero, la semana siguiente al reportaje, yo solo estaba preocupado por los culebreantes efectos de mi propia mentira. Le dije a Café que creía que la había cagado. Se lo dije en la oficina del programa, desesperado, cuando vi que la competencia anunciaba que tendría a la verdadera puta-novia del niño precoz.
Café, un productor que sería capaz de prostituir a su madre a cambio de rating, aprovechó para darme una sus clásicas lecciones con sabor a Tinta Roja:
—En la televizión nadie ze retracta. Nadie, weon’ —me dijo, con su seseo inconfundible—. En una o doz zemanaz ze olvidarán del chibolo y punto.
Luego me sonrió como Guasón, casi babeando:
—Cómo ze nota que erez nuevo.
Era verdad. Todo me había pasado sin querer queriendo.
Había perdido mi vuelo en Sao Paulo. Había pasado 16 horas en un aeropuerto [y solo con un McDonalds en el estómago porque no tenía plata para más]. Había dormitado en los asientos de espera hasta quebrarme la espalda. Había llegado a Lima sucio, adolorido y ojeroso, y a menos de 18 horas de que saliera al aire el programa.
Había editado en tiempo récord, confiado en que la vista no me había engañado y en que de verdad tenía la imagen de la puta-novia.
Pero no. Felizmente, mi jefe me defendió, y la competencia solo exhibió una nueva foto de la verdadera puta-novia y nadie le creyó. Una semana después, en Lima ya nadie hablaba de Córdova ni de su aventura en Brasil. La única que quería que siga el chongo era esa mujer que me llamó por teléfono una mañana y a cuya casa llegué una noche, con miedo.
Lo que me dijo entonces es difícil de probar, pero estoy haciendo el intento. ¿Valdrá la pena tanta espera? No lo sé. Ojalá que sí.
27 agosto 2009 a 10:17
oe, ya pe..termina!!!
29 agosto 2009 a 15:02
falta poco katita, falta poco. ya sabes cómo es la burocracia en este país. uno pide un dato miserable y te pelotean una semana. en fin.