Un niño precoz [¿y mentiroso?] – I

La mujer me había citado en su departamento, en un viejo edificio de Jesús María. Yo creía que era una trampa, una coartada, y tenía miedo. Me imaginaba que tocaba el timbre, que me recibía esa señora amable con la que había hablado por teléfono y que, una vez adentro, dos desconocidos me empezaban a golpear. Suspiré aliviado cuando, sentada frente a mí, en su sala, la mujer no sacó ningún cuchillo de la cocina, sino solo unos cuantos papeles de su dormitorio.

Era ridículo, y hasta patético. Ella creía que yo también era enemigo [y público, todavía] del ajedrecista Emilio Córdova, pues una semana antes me había visto en la televisión haciendo leña de la vida privada de ese chiquillo que por entonces tenía 15 años y todavía no era charro mexicano. En realidad todo el mundo pensaba eso: el chiquillo se había hecho famoso porque se revolcaba en Brasil con una señorita que le doblaba la edad; y yo me había colgado un poquito de su fama cuando dije que la señorita era puta y la mostré ebria y quizá drogada, a la luz de un mediodía de Sao Paulo.

El escándalo sonó y era obvio, pues tenía toditos los ingredientes de la rica miel televisiva. En el reportaje, el padre y la abuela lloraban por su niño perdido en Brasil, mientras que su niño perdido –con los ojos que se le desorbitaban quien sabe a causa de qué– decía que no iba a volver jamás porque estaba enamorado y tenía sueños. La imagen cumbre, luego de varios minutos de expectativa [nada mejor para que la gente se pegue al televisor], era la de la señorita en cuestión: la subversiva novia del chiquillo y sus 29 años bien –pero bien– vividos. ¿Y dónde está la mentira? Pues allí mismo, ante sus ojos. Como diría mi tía Laura Bozzo, que pasen las imágenes.

Emilio y novia
Adriane

¿No la detectaron, así, fácil?

Parece que ‘la magia televisiva’ y mis primeros y tristes minutos en la TV me nublaron un poquito la visión. Las chicas se parecían, es cierto, pero tampoco eran igualitas-igualitas. Quién sabe cuál es la verdad: todavía tengo mis dudas. En fin, hice el gran rating que me merecía y, días después, el padre de la criatura me llamó a pintármela de colores. Me dijo difamador, calumniador, mal periodista, mal tipo y todo lo que me tocaba, pues decía que la señorita no era puta [ni era la señorita que yo presenté] y que su hijo no era más que un bebé de teta algo confundido. “Todo se paga en esta vida”, fue su frase final. Por eso yo creía que, un día cualquiera, me podía pasar cualquier cosa.

Entonces, cuando me llamó la mujer y me citó en su departamento, en un viejo edificio de Jesús María, tuve miedo. Dios es justo (¿?), claro, y sucedió todo lo contrario. Ella solo quería mostrarme un papel para que, además de putañero, convierta al tal Córdova en un farsante. Uno puede confundirse, digamos, y poner la imagen de la persona equivocada. Pero uno no puede mentir de por vida [No es de cristiano bueno, diría mi abuelita.]. Y, según la mujer, el niño precoz escondía un secreto que había cambiado su vida. Sí, una gran mentira. Y ya saben que ‘ladrón que roba a ladrón tiene mil años de perdón’.

…to be continued.

P.d.: Allí dejo el reportaje para los desentendidos [y porque hace rato he perdido la vergüenza]. Como diría Melcochita: “¡No lo vean!”


Advertisement

4 comentarios hacia “Un niño precoz [¿y mentiroso?] – I”

  1. ahí está, ésa es la basura que te gusta hacer…

    y después me decís a mí!

  2. Jamón Dijo:

    Por favor!!! La segunda parteeeee!!!

  3. David!!!
    sigues con este tema???

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.